SOBRE EL AUTOR

Ignacia Pezoa
Productora de Imagen en Movimiento, colaboradora de Radio UNIACC.
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Hay una belleza muy nostálgica en pensar que cuando llueve ahora, también llovió hace cientos de años. Con esa misma lógica atemporal, entre el vapor de unas termas y la frialdad del invierno, esta historia conecta dos épocas lejanas no para hablar de grandes hazañas, sino para retratar algo mucho más frágil: la intimidad de la juventud antes del adiós. Es aquí donde se instala Anoche conquisté Tebas, la ópera prima del director español Gabriel Azorín.
La película sigue a Jota y António, dos jóvenes portugueses que junto a su grupo de amigos cruzan la frontera para pasar la noche en unas antiguas termas al norte de España. En un principio conversan sobre estrategias de guerra, victorias y derrotas, y de a poco se da a entender de que se trata de un videojuego. Luego el juego se torna en la posibilidad de separarse para siempre.

Dos mil años atrás, en esas mismas termas, un par de soldados romanos, Aurelio y Pompeyo, meditan sobre la posibilidad de escapar a la guerra real. El agua tibia resulta su refugio la noche anterior a la gran batalla y a la gran incertidumbre de si algún día terminará el conflicto y podrán volver a sus casas, a sus vidas normales. Todo esto en perfecto latín.
Azorín se centra en dos amigos de distintas épocas para reflejar que la amistad siempre ha tenido esa vulnerabilidad que aparece después de reírse todo el día. Cuando el cuerpo se relaja y el silencio envuelve todo es cuando se tienen las conversaciones difíciles y emergen, como desde el agua, aquellas cosas que uno evita nombrar: el miedo a la soledad, al cambio y a perder.
No sólo en las conversaciones entre amigos es que esta película aborda el concepto de la atemporalidad, sino también en la admiración que tiene el ser humano por la naturaleza y por el cielo: hay una escena preciosa en la que el grupo de amigos se toma su tiempo para observar constelaciones en, como ellos mismos dicen, “la noche más oscura” que han visto. Es después de ver esta película que pensé que los humanos nos hemos pasado toda la vida mirando el cielo, desde las civilizaciones más antiguas de las que se tiene registro hasta hoy, y siempre con el mismo asombro.
Esto último también resulta explícito en unas increíbles tomas largas en las que el paisaje y las ruinas se vuelven protagonistas por momentos. La inmensidad del exterior, las vistas desde arriba – como un videojuego, nuevamente – y los planos fijos en las termas atemporales les ganaron el Bisato d’Oro a Mejor Fotografía en la sección Giornate degli Autori del Festival de Venecia a esta película.
A fin de cuentas, Anoche conquisté Tebas nos recuerda que da lo mismo el idioma y el momento, hoy o dos mil años atrás alguien sintió exactamente el mismo miedo antes de despedirse. La amistad queda retratada de una forma tan preciosa y contemplativa en esta cinta que, en verdad, a nadie deja indiferente.