
Una mujer sobre la estatua de un caballo. Pero no cualquier mujer, ni tampoco cualquier estatua. La nueva propuesta teatral de Ictus nos sitúa -como es usual para su propia historia- entre el absurdo y lo onírico, para hablarnos del pasado, del presente y del futuro que no fue.
El dispositivo escénico presenta el juego. Una estructura de metal en la que como espectadores nos comprometemos a ver la estatua del General Baquedano en el sector más representativo de las manifestaciones y congregaciones sociales. Ahí en Plaza Italia, Baquedano, Dignidad, o el nombre ficticio y desvanecido que queramos darle, es ahí donde una mujer mayor (interpretada por la gran-diosa María Elena Duvauchelle) decide subirse, sentarse, quedarse, observar, cabalgar imaginariamente hacia otros tiempos, mientras sentimos el murmullo de la gente, de esos miles que ya no están. Tampoco está el caballo.
La agudeza de Emilia Noguera en la dramaturgia y dirección es vertiginosa. Es una obra llena de humor, rápida, directa, punzante, pero nada de ello es impedimento para dar las vueltas que tenga que dar entre recuerdos del pasado; imágenes de protestas de distintas épocas que se traslapan en una ciudad que olvida a sus muertos y es a la vez un cementerio de soldados desconocidos; que es un hospital para los desmemoriados; o un late show, que podría conducir Mirtha Legrand, de esos que tantos nos atrapan en conmociones pasajeras.
La sencillez de la escenografía y la iluminación es precisa en pulcritud para permitirnos llenar el escenario con el festín de personajes que vienen a cuestionar a Mujer: una militar (Paula Sharim) que quiere bajarla porque puede que sea su madre allá arriba o solo una manifestante rebelde, vieja y confundida. Una luz esperando brotar al amanecer, como nace una patria “desordenada”. Donde dios y diablo (Daniel Muñoz y Roberto Poblete, este último que representa la esencia misma del Ictus) se pasean instándole a decidir si se queda o se va (¿de dónde?). Un marido detenido desaparecido (Nico Zárate) viene a buscarla (¿a dónde?). Una enfermera (Camila Oliva) que la enfrenta a la posibilidad de que el purgatorio y el infierno (nunca el paraíso), estén ahí mismo (¿dónde?). Como una cita intertextual a los tantos purgatorios que nos presentara Juan Radrigán en sus obras. Nunca ni tan cielo ni tan infierno.
Y el por qué se ha subido al caballo resta rápidamente importancia. La interrogante recae entonces: ¿En qué lugar de sus recuerdos, de su cabeza, de esta tierra, está realmente? ¿Qué es este país sino una tierra de incertidumbres? Porque como dice dios (un preciso y sólido Daniel Muñoz en escena) este país le quedó “inconsistente”. Si fuese una persona y todos fuéramos sus hijos, explicaría nuestra inconsistencia.



Mujer se nos presenta como esa luz blanca (el lucero del alba, la estrella solitaria) que irrumpe en el escenario y su cuerpo es el territorio mismo de Chile y su desmemoria. Su bandera es la incertidumbre. Todos sus recuerdos pueden ser un relato de algo que nunca ocurrió: puede que tenga una hija o no; puede que la haya abortado o no; que ella misma como cuerpo-territorio haya sido torturada en dictadura, o quizás golpeada en la cabeza en una revuelta. Lo único que se le permite decidir es si quiere morir o no. Que fantástica decisión política.
Subirse o bajarse del caballo, es la acción que define y es lo performático en sí mismo, en cuánto a lugar simbólico, estratégico, cultural y político se refiere. El caballo ya ni siquiera está, es un fantasma de sí mismo. Un personaje incierto. Porque tampoco tenemos la certeza de si volverá o no a ese lugar que albergaba también la tumba del soldado desconocido, otro NN más de la historia republicana. Lugar de rito mortuorio. Lugar de protestas, de lienzos, de celebraciones y de reincidencias.
La teórica Diana Taylor dice en su libro Performance que “diversas acciones y eventos como el arte de performance, la danza, el teatro y los actos sociopolíticos y culturales como los deportes, los rituales, las protestas políticas, los desfiles militares y los funerales, tienen elementos reiterados que se re-actualizan en cada nueva instancia”. Eso es lo que hace Caballo. Nos sitúa nuevamente en el mismo lugar donde tantas veces hemos hecho el mismo rito. Volvemos a consolidar, levantar, dar vida a la patria cada vez que algo congrega a una multitud en el lugar. O bien le damos la oportunidad de “morir”, de cambiar, cada vez que se empuja una luz de cambio. Y a veces bajarse no es rendirse. Y a veces rendirse no es morir del todo. Pero decidirlo (lo que tanto nos cuesta), es un acto político.
Es una pieza teatral que nos recuerda por qué Ictus es la compañía más longeva de Chile y Sudamérica, y lo hace con contundencia, con humor negro, con ternura, sin ofrecer respuestas superfluas, e invitándote a decidir que patria quieres ver nacer o morir.

Ficha teatral
Dramaturgia y dirección: Emilia Noguera | Asistencia de dirección: Camila Oliva | Elenco: María Elena Duvauchelle, Roberto Poblete, Paula Sharim, Daniel Muñoz, Nicolás Zárate, Camila Oliva | Diseño integral: Cesar Toro | Realización de escenografía: José Miguel Carrera | Realización de vestuario: Javiera Labbé | Música y diseño Sonoro: Andrés Abarzua & Felipe Bribbo | Diseño gráfico: Cesar Toro | Producción: Alessandra Massardo y Catalina Tapia | Asistente de producción: Paula Galleguillos | Comunicaciones: Sofía Oksenberg | Adaptación Sonora y técnica: Lenin Silva | Técnico iluminación: Matías Gonzalez | Tramoya: Nelson Vargas.
*Las funciones en Santiago a Mil están agotadas, pero la obra retomará su cartelera en abril de 2026.
Coordenadas: Del 7 al 24 de enero, jueves a sábado, 20.00 hrs. Sala La Comedia, Merced 349, Santiago.
SOBRE EL AUTOR
Periodista cultural y docente. Productora General de Radio UNIACC.
